miércoles, febrero 10, 2016

Europa tras la lluvia

Vamos a globalizarnos, !estés o no preparado!
Según las encuestas, el próximo referendum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea se presenta muy igualado, y sin sesgos por sexo, pero sí por nivel económico y cultural. Al votante mayor, sin estudios superiores y con rentas bajas, la cesión de soberanía a Bruselas es peligrosa, y deja inerme a las islas frente a la gran amenaza global de la inmigración y del corrupto, costoso e ineficaz sistema comunitario, que la permite y la alienta. Nada de lo que el Primer ministro consiga en sus negociaciones de última hora hará cambiar esta aversión a lo extranjero y a los riesgos que entraña. Es, por lo tanto, un defensor del Out (fuera). Para el votante más joven, sin embargo, de mayores ingresos y estudios superiores, la salida de la UE representa asumir un riesgo innecesario y aún mayor: excluirse de las decisiones de la primera potencia económica del mundo y lo que es casi peor, de Frankfurt, dejando a la Libra aislada. Saben que no porque el Reino Unido salga de la UE dejaran los inmigrantes de intentar llegar a sus costas. Es que lo han estado haciendo durante siglos, y hoy en día son los llegados de las ex colonias el grueso de ese fenómeno que no se originó en Siria, sino en la imparable revolución de un mundo interconectado. Es, por lo tanto, un defensor del In. También parecen romper el equilibrio en Escocia con el objetivo obvio y mucho más localista de restar poder a Londres.

No se trata de que la globalización sea buena per se, se trata de que no hay forma de evitarla. Habrá por tanto que afrontarla en positivo, extrayendo lo que de bueno haya en ella, que es mucho. Ni la desigualdad ni el cambio climático se pueden combatir a escala local, cerrando fronteras, dando por eternos unos valores que en realidad son tan importados como el té en Gran Bretaña o los apellidos polacos en Alemania. Pero una cosa es cierta: el sistema político actual, criticado y en crisis en Europa y en Estados Unidos, abocado a sus viejos clientelismos y corruptelas, no parece el más adecuado para lidiar con esta nueva realidad.

Esperemos que los votantes del Reino Unido no vean en este referendum una oportunidad para expresar su resentimiento hacia un sistema político caduco, pero al que, al mismo tiempo, están llamados a cambiar desde dentro, en conjunto con el resto de ciudadanos de este viejo y gran continente, cruzado por tantas cicatrices, llamado Europa.