miércoles, mayo 29, 2013

Todo el mundo ama el sol



¿En qué puedo ayudarte hoy?

Supongo que te gustaría que te ayudara a ser feliz pero sin juzgarte. Después de todo, buscar la felicidad es un derecho fundamental de todos los seres humanos. Pero no tienes por qué insistir: estoy dispuesto.

Estoy dispuesto a escucharte atentamente; a aprender todo lo que pueda sobre ti; a ser completamente sincero sobre tus posibilidades y sobre tus objetivos; a serte leal, respetarte, no abandonarte nunca; a asumir tus limitaciones y también las mías; a luchar a tu lado por superarlas compartiendo tus objetivos.

Pero recuerda por favor que no soy un terapeuta al que acudes para que te recete algo contra el dolor. Tampoco me podrás contratar como asesor para que te explique cómo funciona esto o aquello. Ni tan siquiera mi experiencia servirá para inspirarte como mentor. Y desde luego, no seré tu profesor dispuesto a soltarte un rollo y luego ponerte un examen. No, nada de eso. Sólo trataré de ayudarte a encontrar tu camino, tu propio camino. Tengo la ventaja de tener un mejor blindaje emocional y veo las cosas desde otra perspectiva. Pero créeme: todo esto lo pongo al servicio de tu causa.

Vamos a caminar juntos aunque a veces no nos veamos. Vamos a compartir sentimientos aunque a veces no nos hablemos, pero cuando lo hagamos me temo que te voy a preguntar cantidad de cosas. Quiero hacerte las preguntas que tú no te atreves a hacerte. Quiero saber cuáles son tus sueños, quiero saber cómo has llegado donde estas; qué fue mal y dónde brillaste.

Vamos a caminar juntos aunque a veces no nos veamos. Vamos a compartir sentimientos aunque a veces no nos hablemos [...]

Si tú quieres, me contarás cuáles son tus planes. Quiero saber cómo te sentirás cuando hayas llegado por fin allí donde sueñas —y algún tiempo después de haberlo logrado. También escucharé atentamente tu silencio y dejaré hablar tu mirada porque necesito asegurarme de que todo esto que hacemos te hará verdaderamente feliz. Pero no quiero para ti una felicidad pasajera y superficial, sino profunda y duradera, lejos de sentimientos destructivos como la venganza, la codicia, los celos o la envidia —sería un precio demasiado alto.

Oh, por supuesto, no te analizaré; tampoco te juzgaré. En cierta forma, no eres tú el objeto de mi empresa: sólo me interesa tu felicidad.

Si hago las preguntas correctas —si te inspiro confianza—, te ayudo a conocerte mejor. Entonces, recuperarás tu propia estima y sabrás más de ti; muchos de tus miedos simplemente se desvanecerán, y las personas que te rodean verán al fin tus verdaderos colores. Te aceptarás y aceptarás a los demás. Emergerás de tu ignorancia hacia un nuevo estado de conocimiento que ya no precisará siquiera que seas consciente.

Entonces, yo también aprenderé a conocerte mejor. Y necesito hacerlo porque debo anticiparme a ciertos obstáculos que nos esperan ahí delante, ocultos en el camino. Sé que pocos consejos seguirás sin oponer resistencia, y menos aun serán los que después de un tiempo conserves sin algo de insistencia. Pero no me preocupa. No te gustan los cambios porque eres un ser humano y necesitas algo de estabilidad para prosperar. Eso no me irrita ni me decepciona. Es tu condición humana lo que te hace tan grande.

Sé que lo has intentado antes, que no todo ha ido como esperabas, pero ahora es diferente. No has venido a mí buscando sólo un hombro en el que llorar; no esperas desahogarte ni inspirar pena. Quieres cambiar y ser feliz, pero yo no quiero prometerte la felicidad. La felicidad no es un destino. La felicidad es una forma de viajar, y el viaje empieza aquí y ahora.

Aprenderemos a soportar aquello que no podemos cambiar y a tener el coraje para cambiar el resto. No te dejaré caer en el sopor de los paraísos artificiales, ni permitiré que fantasees para luego hundirte en la frustración. Vivirás en la realidad, pero será una realidad que construirás día a día con tus propias manos.

Por supuesto, no siempre estaremos de acuerdo. Es nuestro privilegio no pensar lo mismo. A veces, nos tendremos que enfrentar a enemigos inesperados. A nuestros propios miedos, a nuestras fobias. Y acabarás por dudar de muchas cosas. Incluso de mí.

Sinceramente, espero que lo hagas, porque yo también soy humano.

Pero si decides dejarme seguir a tu lado, te ayudaré a tomar decisiones y, más tarde, a llevarlas a la práctica. Analizaremos los riesgos y las oportunidades; tus debilidades y tus puntos fuertes; evaluaremos cada alternativa y trazaremos un plan como haría un estratega al mando de un imponente ejército —aunque sólo sea un ejército de dos; seguiremos cada punto y rectificaremos lo que haya que rectificar; no bajaremos nunca la guardia; no nos desanimaremos ni nos rendiremos; tendremos siempre presente que no hay que subir sino avanzar.

Sin embargo, al avanzar, elevarás tu conciencia, te harás responsable de tu propia vida y disfrutarás de ella hasta un punto en el que un buen día le escribirás a un desconocido:

«¿En qué puedo ayudarte hoy?»

Y el círculo se habrá cerrado.



Para saber más:
@Javier_Salvat colabora con la Cruz Roja en Sabadell. Su curso sobre Coaching contiene los conceptos que inspiraron este artículo. Acaso el más importante es que sólo podemos ser felices de verdad en la medida en que podamos hacer felices a los que nos rodean así como a aquellos que nos hayan de suceder. 


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