Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

lunes, noviembre 10, 2008

Perdido en Spandau

Eran pasadas las once de una fría y lluviosa noche de noviembre.

Acababa de llegar desde Berlin a la Rathaus Spandau, la estación central de Spandau, y recorría la ahora silenciosa ciudadela, deshaciendo el camino que había recorrido unas pocas horas atrás desde mi hotel, deteniéndome de vez en cuando para observar cómo la soledad puede tomar forma entre la lluvia y la oscuridad de sus callejuelas.

Las orgullosas torres de la iglesia de San Nicolás, erigiéndose iluminadas entre la bruma nocturna, parecían reinar por fin una vez más sobre la fortaleza.

Todavía quedaban abiertos algunos pequeños locales, de los que salían olores y risas. Me encontraba bien. La ciudad se preparaba para dormir, porque Spandau, como Berlin, duerme. No son Nueva York ni Tokio. Spandau arrastra a sus espaldas muchos siglos de historia desde que, en 1232, obtuviera sus derechos como ciudad.

Como ciudadela, sus calles fueron tomadas por ascanios, suevos, franceses, prusianos, rusos… Convertida en un enorme cuartel, Spandau se lanzó a la forja de cañones que retumbaron por toda Europa, hasta su caída definitiva como enclave militar para ser ocupada una vez más —esta vez por británicos— y convertida en cárcel para los jefes nazis acusados de crímenes de guerra.

Me preguntaba dónde habría sido encarcelado su más el celebre prisionero, el antiguo lugarteniente de Adolf Hitler, Rudolf Hess.

Mientras mi pensamiento vagaba por estos hechos, las calles, flanqueadas de infinitas y sombrías veredas, me iban conduciendo dulcemente bajo la fría y oscura llovizna hacia algún destino desconocido.

Hoy en dia, Spandau es tan solo un apacible barrio de Berlin, extendiéndose de forma radial en infinitos arrabales a lo largo del río Havel.

No podría decir dónde me encontraba en el momento exacto del paso por la medianoche, pero en ese preciso momento, yo cumplía años. No es un mal regalo el que un cumpleaños te pille andando bajo la lluvia. Ni siquiera que estés agotado y perdido.

No vas solo.

Vas con tus pensamientos, haciendo desfilar ante ti tu mundo interior, como en una parada militar organizada exclusivamente en tu honor. Pasan ante ti tus anhelos con paso marcial, y a paso más rápido, para que desaparezcan cuanto antes, también algunas preocupaciones. Y tú eres el jefe de estado que saluda a las tropas desde la tribuna.

¿Pánico? No me había perdido por los arrabales de Bagdad. Lo peor que me podía pasar es que me viera obligado a vencer mi masculina reticencia a preguntar. Por eso, los hombres preferimos invadir a preguntar a los lugareños.

Al menos, sabía que el río me guiaría hasta mi guarida, un moderno hotel Spa sobre el Havel. Un hermoso y bien cuidado puente de hierro, el große Eiswerderbrücke, salvaba el río a su paso ante el hotel. Lo había comprobado el día antes.

Escuchaba los ecos del mundo en los auriculares de mi teléfono móvil a través de la BBC World Service. Revueltas en el Congo, alegría universal en la victoria presidencial de Obama.

Realmente, no me preocupaba amanecer andando por sus largas veredas, aunque mis piernas empezaban a dolerme.

Estaba perdido. Perdido en Spandau.

O ¿era quizá que Spandau se había perdido en mi?

Foto por Diego Rodríguez

miércoles, septiembre 10, 2008

Los fantasmas de Lincoln

Pocas ciudades conservan ese toque mágico que tiene la parte alta de la muy romana y normanda Lincoln, Lincolnshire, Gran Bretaña. Ni siquiera la cercana e igualmente encantada Nottingham de Robin Hood, compite con Lincoln en cuanto a prestigio sobrenatural.

Porque, en el Lincoln clásico, toda morada que se precie incluye entre sus atributos algún encantamiento, alguna figura de gris, algún caballero fantasma. Ni siquiera la señoral Lindum House, otrora residencia de ricos industriales y ahora refugio de ejecutivos de multinacionales alemanas, y donde tuve el muy dudoso privilegio de habitar en total soledad por dos semanas, se libra.

Nos alejamos del grupo de turistas que siguen el Ghost Walk, el Paseo del espectro, a lo largo de las tradicionales paradas del White Hart Hotel y el resto de escenarios de sobrenaturales apariciones para sumergirnos en nuestro encantamiento particular.

Atravesar el arco que conduce desde el castillo de Guillermo el Conquistador hasta la catedral es sumergirse en un mundo fantástico donde espiritus bimilenarios revolotean a tu alrededor.


Dejamos a nuestra espalda la casa que vió nacer a William Logsdail, uno de los mejores paisajistas que ha conocido el país, y nos topamos con la imponente fachada de la milenaria catedral, toda ella de normanda austeridad.


Una verdadera factoría espiritual que, en sus infinitos arcos, parece hablarnos de dimensiones temporales que el hombre moderno parece haber olvidado.

Al rodear su descomunal mole, al sentirnos empequeñecidos por su colosal torre, nos sentimos más unidos a esa espiritualidad. Casi podemos ver fantasmales figuras desfilando por los prados que la rodean, o sobre las lápidas de las tumbas que tapizan sus sombríos contornos.

Quiere la imaginación popular, aún hoy, en el siglo de la ingeniería genética, que el diablo envió un par de genios a asolar el norte de Inglaterra. Siendo la de Lincoln la mayor catedral del país, los dos genios no pudieron resistirse a visitarla con aviesas intenciones, dedicándose a causar gran revuelo, destruyendo esto y aquello. Uno de ellos, al huir de un angel que había sido enviado para destruirlos, se escondíó entre las figuras que decoran los capiteles de las columnas, adoptando una simpática pose que le sirviera de perfecto camuflaje. Pero, al ser descubierto por el angel, fue convertido para siempre en piedra. A este diminuto genio que, desde entonces, mora pétreo y escondido en un rincón de la catedral, le pusieron por nombre Imp.

Hoy en dia, los niños, y los no tan niños, que visitan a diario la catedral se divierten siguiendo las pistas que les lleven a localizar la recoleta figura. Y si no lo consiguen por sus propios medios, siempre podrán proveerse de su propio Imp en la tienda de souvenirs.

Respecto al otro, al que consiguió escapar... bueno, según algunos, se dedicó a asolar otros santos lugares, como la iglesia de San Jaime en Grimsby, donde acabó también convertido en piedra por el ángel.

Mucho tiempo después, WIlliam Usher se hizo rico, y llegó a ser Sheriff de Lincoln, reproduciendo al pequeño Imp en infinidad de joyas. Esta curiosa simbiosis esconde, sin embargo, un secreto: este simpático diablillo no es el único genio que habita la catedral.

Otros, más diminutos aún, se esconden, escrutándonos con burlonas muecas, en el sitio más improbable de toda la inmesa catedral... a lo largo del arco que enmarca la entrada principal bajo el que discurren miles de fieles y visitantes cada día.


Después de habernos sumergido por unos instantes en el mágico universo de la Inglaterra mítica, descendemos por la Steep Hill de vuelta al prosaico mundo del Lincoln moderno, sus resplandecientes casas de te y decoración, sus Pie Restaurants, sus tiendas de reliquias de la Bomber County, y también de su sórdido Cloud Number 9, donde las jovenes estudiantes locales tratan de conseguir haciendo striptease ante un público provinciano esas 400 libras diarias que han de librarlas de todo mal. O eso promete la matrona del antro, que no se ha percatado de que, esta noche, entre el escaso público, se ha colado sin pagar un espectador de excepción.

El segundo Imp, el que burló al angel, en una de sus visitas a sus hermanos presos, ha tenido a bien descender entre los mortales y ahora se esconde en la oscuridad entre el humo del local, disfrutando una pinta de cerveza.

viernes, junio 13, 2008

Berlin Air Show 2008, vuelta al futuro

El aeropuerto de Schönefeld es el más alejado de los tres aeropuertos de Berlín. Cuando fue inaugurado, en 1934, junto a las instalaciones del fabricante de tanques y aviones Henschel, fue presentado como un orgullo del III Reich, y de él salieron 14 000 nuevas máquinas aladas para alimentar la guerra de Hitler. Con la caída del régimen, el aeropuerto pasó a control soviético y llegó a ser el mayor de la República Democrática, y el único de Berlin Este.

Nada de esto ocupaba nuestros pensamientos cuando nos aproximábamos por la tranquila autopista una calurosa mañana de primero de mayo. Nuestra idea era visitar el pabellón de la ESA dentro de la feria aeroespacial Berlin Air Show

Lo primero que nos sorprendió fue la gigantesca zona de aparcamiento, perfectamente parcelada por la que transitan veloces pelotones de chicos y chicas guiando a los conductores en la crucial tarea de aparcar ordenada y eficientemente. Luego, rápido transito por las taquillas y el control de metales, aún más rápido transito en uno de los autobuses que, rodando por polvorientas carreteras, nos condujo hasta atravesar alambradas y llegar a la zona de exhibición. Cubas de agua circulando ante los autobuses trabajaban denodadamente para mantener los niveles de polvo al mínimo.

Una vez allí, nos dimos cuenta de la enormidad de la empresa que acabábamos de iniciar. Frente a nosotros, entre un mar metálico de monstruos voladores, nos esperaba blanco y tranquilo el monstruo de los monstruos, el Airbus A 380. Su tamaño empequeñecía incluso a los gigantes transportes militares estadounidenses Galaxy y Globemaster estacionados un poco más lejos.

El A 380 a punto de iniciar su vuelo de exhibición

Nos apresuramos a acercarnos para fotografiarlo de cerca, más que conformes con su contemplación estática. Pero no es esa la naturaleza del monstruo. Un poco más tarde, abriéndose paso entre la gente, el avión rodó hasta la cabecera de pista y, como producto de un extraño sueño, se elevó con sorprendente agilidad con un lejano y modesto rugido. Ya en el aire se puso a hacer cabriolas, como un coloso feliz por haber regresado a sus dominios entre las nubes.

'Bueno, ahí va la vieja Europa', pensé. Porque el A 380 es realmente otro de esos sueños extraños que emanan por todas partes en este viejo continente sin que los europeos, tan poco apegados últimamente al patriotismo, realmente los invoquen. Nos hacemos grandes, se nos ocurren ideas grandes de una forma casi natural, inevitable, pero no por eso dejamos de pelearnos entre nosotros. Demasiados leones en la misma jaula.

Muchos aviones y helicópteros en vuelo, y aún más en tierra; coloristas y exóticos stands, como el enorme dedicado a la industria espacial india; con orquesta Sikh incluida, y calor por todas partes.

Un momento para disfrutar de mis dos aviones preferidos, dos bellezas fruto inesperado de la búsqueda del arma perfecta. Incluso Charo quedó fascinada por las armónicas formas del bombardero atómico B1 B Lancer, que poco después terminaría de seducirla al alzarse en un rapidísimo vuelo de despedida. Más lejano, menos espectacular aunque en vuelo, el bello 'clásico' por excelencia, el caza de la Segunda Guerra Mundial Vickers Supermarine Spitfire.

Bello y letal, el bombardero atómico de geometría variable B 1B Lancer


Ya en el pabellón de la ESA, pudimos ver las últimas apuestas europeas en el espacio, aunque echara de menos la presencia del proyecto Galileo, cuyo stand estaba prácticamente desnudo.

Conduciendo de vuelta a Berlín, y ante el parabrisas de nuestro coche, un viejo Phantom caía presa de una bandada de rapaces Aerofighter Typhoon que lo acosaban, mucho más rápidos y ligeros.

Era hora de volver al mundo real.

jueves, junio 12, 2008

Berlin bleibt Berlin noch

La capital de Alemania ya no tiene el morbo que poseyera durante la era del Muro. Pero sigue siendo una ciudad enigmática. Y no importan sus denodados esfuerzos por crecer como una ciudad moderna, abierta, joven y guay.

Será esa combinación de espectaculares vistas sobre sus hermosos lagos y esos sombrios recuerdos de un pasado incomprensible sobre los que transitan a diario, y con nórdica parsimonia, millones de jovenes ciclistas de todas las razas y colores.

Será la enigmática sonrisa de Nefertiti, la más bella berlinesa, entre las miles de jovenes que se tuestan al sol en cada pedazo de cesped a lo largo del Spree un caluroso dia de primavera. O quizá sea ese tranquilo poderío que destila la luminosa y moderna Cancillería junto a los ominosos vestigios de un muro que ahora nos parece ridículo.

Osea, que no lo sé. Que no tengo ni idea de dónde emana esa corriente que se percibe al pasear por sus calles. No es una sensación desagradable. De hecho, uno puede llegar a enviciarse con ella.

Quizá sea que es cierto lo que rima esa cancioncilla que hicieron suya dos presidentes estadounidenses. Berlin es aún Berlín.

Y a mi sólo se me ocurre implorarle, bitte, bliebt doch Berlin!

domingo, septiembre 16, 2007

Viaje a Italia - Quarta Partita: UNA FAMILIA DE VITORIA

El suceso que voy a narrar a continuación tiene tintes paranormales. Es decir, difíciles de explicar apelando sólo a la lógica. Todos hemos tenido alguna vez la sensación de vivir coincidencias, de encontrarnos a alguien dos veces en lugares distintos y entre multitudes. Pero, dejenme que les cuente esta historia.

Habíamos llegado casi al mediodia dispuestos a entrar en la Galeria Uffizi, de Forencia. No sabíamos que el proceso de compra de billetes de entrada no es tan fácil como todo eso, y requiere una reserva telefónica previa que se suele hacer desde el hotel. Eso implicaba ir a otra cola, y empezar de cero. Afortunadamente, unos señores que iban justo delante de nosotros se ofrecieron a hacernos pasar como por parte de su propio grupo.

Dias después de regresar de nuestro viaje, Charo estaba repasando las fotos que habíamos tomado cuando me llamó urgentemente a la pantalla del ordenador para mostrarme una foto aparentemente normal dentro del Coliseo.

Ya se sabe que, en ocasiones, mientras tomamos una foto a una persona en un sitio turístico, se cuela alguien ajeno en la imagen, que además se suele colocar perfectamente centrado y enfocado. En este caso, y tratando de fotografiar a mi hija frente a la arena del Coliseo, se coló una familia entera en el cuadro.

Al observar la foto ya en casa, Charo reparó inmediantamente en la figura de un señor alto, con una camiseta roja, y un perfil renacentista inconfundible, con su familia. Sí, no había confusión. Era la misma familia con la que coincidiriamos cinco dias más tarde, a más de trescientos kilómetros de distancia de allí.

Por favor, si alguien lo conoce... ya sabéis, me encantaría poder contarle esta historia.

Quien sabe si con un perfil solamente, aunque sea renacentista como el del Duque de Urbino tal como lo viera Piero della Francesca, se puede localizar a un señor de Vitoria.

sábado, septiembre 15, 2007

Viaje a Italia - Terza Partita: CONCLUSIONES

La conducción

Digámoslo rápido. El conductor italiano es malo. Se cree muy habilidoso, pero infringe casi todas las normas de seguridad.

El resultado es un alto índice de siniestralidad, y unos pobres resultados deportivos que contrastan con la pasión nacional por La Macchina.

La parte positiva es la alta flexibilidad y tolerancia del tráfico. No nos va a ser fácil irritar al conductor italiano típico por saltarnos simplemente una contínua, pasar en contradirección o aparcar en medio del Ponte Vecchio.

miércoles, septiembre 12, 2007

Viaje a Italia - Seconda Partita: LA TOSCANA

El paisaje toscano está dominado por un sinfin de suaves colinas, en algunas de las cuales se han edificado alguno de los pueblos más hermosos y pintorescos del mundo.

Firenze (Florencia), Pisa, San Simignano, Collodi, Lucca, Vinci, Montecatini y Montecatini Alto.

Merece la pena señalar una recomendación gastrómica en el mismo centro de la siempre muy elegante villa termal de Montecatini. Se trata del Ristorante Centrale, donde la simpatía del señor Luciano Ercolini y el talento culinario de su vástago nos deleitarán con sofisticadas especialidades que no han perdido nada de la frescura y sabor toscanos, y sólo le han añadido un toque de innovación.

RISTORANTE PIZZERIA CENTRALE
Piazza del Popolo, 20
51016 MONTECATINI (PISTOIA)

Massarosa no figura en la lista usual de lugares que visitar. Pero nos atraía la curiosidad de ver qué aspecto tenía la ciudad hermanada con nuestro propio pueblo, Teià. Massarosa es una ciudad dominada por la carretera que la atraviesa, bastante fea, o por decirlo de otra forma, sin atractivo.

martes, septiembre 11, 2007

Viaje a Italia - Prima Partita: ROMA

Al regreso de un viaje a Egipto, una conocida comentó con un lacónico 'mucho calor' su experiencia. En su momento, este comentario me pareció impropio, revelador de una gran insensibilidad histórica e incultura.

Pero si alguien me preguntara ahora por mi viaje de Roma, probablemente respondería con un 'todo muy viejo'. Bueno, ya sabemos que Roma conoció tiempos mejores hará como dos milenios. Pero los millones de visitantes que recibe la ciudad hoy en dia no vienen atraidos por brillante modernidad, sino por un pasado que los actuales italianos parecen incapaces de superar, y del que solo se limitan a aprovecharse.

La red de transporte urbano solo cuenta con dos viejas líneas de metro, y la mayoría de las máquinas expendedoras de billetes para metro y autobuses, que por supuesto no aceptan tarjetas de crédito, no funcionan.

El domingo de nuestra llegada no pudimos resistirnos a pasear por el centro histórico, el Foro Romano. Pudimos darnos cuenta de un hecho que nos acompañaría durante todo el resto del viaje: la creciente masificación en todos los lugares de interes histórico. ¿Serán las Low Cost?

El segundo día lo dedicamos al Vaticano. Cola enorme para entrar a la Basílica de San Pietro (San Pedro). Cola aún más enorme para la entrada a los Museos Vaticanos... Suficiente para desalentar al más forofo.

Advertencia: según la experiencia de unos familiares nuestros, las cartas enviadas desde la Posta Vaticana no llegan a su destino.

El tercer día nos dejamos perder por la periferia. Pirámide, Termas de Caracalla. Sensación de abandono, tocamos fondo. Muchos días de caminata. No merece la pena. En Roma se puede utilizar el coche para la mayoría de desplazamientos. El tráfico es fluido, y las normas son muy laxas.

El cuatro y último día de nuestra estancia en Roma, para cerrar la primera parte del viaje, nos reencontramos con la Roma que todos soñamos. Privada, personal. El Moisés de Miguel Angel estaba allí, medio escondido en San Pietro in Vincoli, al lado del Coliseo, pero sin aglomeraciones, y gratis...

¿Sería así Roma en la antigüedad?