lunes, septiembre 27, 2010

Fenómenos aéreos

La noche del pasado viernes, 19 de septiembre, mientras paseaba mi perro Shiro por el bosque, refugiado bajo un paraguas de un fuerte aguacero, un relámpago cayó a pocos metros de donde me encontraba. Tal fue el estruendo y el resplandor que lancé un grito y arrojé el paraguas delante de mí para no atraer un segundo relámpago. Tras un segundo de indecisión, temblando, eché a correr hacia casa, empapado como estaba. Pero el primero que consiguió ponerse a salvo fue el perro. Aquella noche, y por primera vez en mi vida, sentí auténtico pánico, del que solo me pude recuperar algunas horas después. Jamás había sentido el poder de la naturaleza, su rabia, con tal fuerza y proximidad. El relámpago había averiado algunas cosas en casa, pero me sentía afortunado por haber esquivado por tan poco el dedo eléctrico del cielo.

Pero esa no iba a ser la única experiencia sobrecogedora de este mes.

Hoy domingo, ha pasado algo más de una semana desde el incidente del rayo, y el cielo de esta tarde de finales de verano estaba cargado de nubes grises, anaranjadas, rosas y azules índigo que presagiaban tormentas. Presagios que poco después se harían realidad. Acababa de hacer tomar algunas pruebas de imágenes panorámicas desde mi estudio cuando, de repente, algo llamó mi atención en el horizonte.

Algo insólito, un torbellino de unas dimensiones colosales, estaba descendiendo de entre las nubes, y terminando, en pocos segundos, por conectarlas con la superficie del mar salvando una altura que estimé en más de un kilómetro, y ahora estaba absorbiendo hacia los cielos una zona de más de cien metros de lado cerca de donde un pequeño barco navegaba. Todo ello en medio de un perfecto silencio.

Ahora sé que se trataba de una tromba marina, waterspout en inglés o 'manega d'aigua' coronada por un 'cap de fibló' en catalán, como la observada el día antes en la playa de Banyalbufar (Mallorca), y que pudo ser divisada por los automovilistas que circulaban por la carretera N-II a la altura de El Masnou. Algunos incluso optaron por detener su vehículo para contemplarlo.

Mientras, mi cámara Canon se había quedado sin batería pero, providencialmente, tenía a mano una pequeña Panasonic propiedad de un amigo de mi hija, con la que me puse a tomar fotos frenéticamente, sin saber cómo garantizar un enfoque nítido, pero con la esperanza de poder obtener alguna toma aprovechable.

Mientras disparaba sin parar en modo apaisado y retrato, notaba cómo se me ponía la carne de gallina. Jamás había visto una cosa así, y no creo que la vuelva a ver. En poco menos de cinco minutos, el cielo se abrió, absorbió quizá cientos o miles de toneladas de agua, y luego, se cerró. Poco después, cuando ya no quedaba rastro de la manga, aún era visible un área efervescente sobre la superficie del mar, como si una fuerza invisible siguiera tratando de robar el agua contra la oposición de la superficie. Finalmente, todo se desvaneció, como un sueño.

He oido hablar de olas asesinas, de una ola entre doscientas mil capaz de alzarse por encima de la estructura de un transatlántico y echarlo a pique en segundos, pero jamás había oido que existieran remolinos de agua de semejantes dimensiones.

Acompaño este artículo con dos fotografías del fenómeno del que acabo de ser testigo. Se trata de imagenes reales, similares a las que se han obtenido en otras partes del mundo en las que estos fenómenos son frecuentes.

Pienso en el pequeño barco que me pareció ver navegando entre la manga de agua y la playa. De haber estado en la zona de absorción, ¿hubiera sido levantado hacia el cielo? Y en ese caso, ¿hubiéramos vuelto a saber de su tripulación?

Dicen los meteorólogos que, en una tromba marina, aunque se trata de un fenómeno muy peligroso para la navegación debido al vuelo de residuos, no se absorbe agua, sino que el tunel está en realidad formado por la condensación del vapor de agua en gotas. Es decir, el barquito habría permanecido en su lugar, aunque barrido por vientos rapidísimos.

Dicen los meteorólogos que la primera señal, que puede ser vista desde el aire pero, por lo general, no desde un barco, es la formación de una mancha oscura en el océano. Si lanzaran bengalas de humo, mostrarían como el aire se mueve en un círculo y hacia arriba. Muchos puntos oscuros mueren sin progresar más. Sin embargo, algunos comienzan a tomar forma de espiral de agua más oscura y ligera.

Dicen los meteorólogos que, en esta segunda etapa, alguien en un barco en la superficie sentiría probablemente el cambio y el aumento de viento. También, si mirara hacia arriba, podría ver un embudo proveniente de una nube justo encima o incluso un poco apartada.

La gente en los barcos suele ver la tercera fase. En ella, a pesar de que podría ser invisible, el vórtice llega a la superficie del océano desde la nube. Cuando la velocidad del viento alcanza en torno a los 65 km/h, el viento comienza a pulverizar agua en un patrón circular - el vórtice de pulverización. En este momento, desde el barco podría verse como se conecta el embudo con el anillo formado en la superficie del mar.

Durante la cuarta etapa, el embudo se extiende todo el camino desde la nube hasta el mar. Generalmente, puede verse a su través, ya que el embudo es realmente una fina nube de pequeñas gotas de agua.

Durante esta etapa, se levantan pequeñas olas y la manga de agua deja una estela espumosa mientras se mueve a través del océano. Estas pequeñas burbujas podrían contener dióxido de carbono y otros gases que se disuelven en el agua y entran en efervescencia por la baja presión del aire en el centro del tubo, como al abrir una botella de refresco.

En la quinta, y última etapa, el vórtice de pulverización se debilita y se convierte en el embudo cónico más corto y chato. A menudo, se tuerce y la parte inferior de la tromba de agua puede salir de debajo de la nube.

Los científicos dicen que la disipación de la tromba normalmente se produce cuando comienza a caer lluvia de la nube madre. El aire frío transportado por la lluvia interrumpe el suministro de aire cálido y húmedo que es la alimentación que mantiene en marcha la tromba.

Finalmente, dicen los científicos que si alguna vez se cruza una manga de agua en tu camino, podrías intentar sumergirte para evitar ser golpeado por algún objeto. ¿Lo harías?

Si los ocupantes del barquito alguna vez leen este blog, quisiera saber si fueron conscientes de la situación tan extraordinaria que vivieron, y del capricho del destino en el que, como yo unos días antes, se vieron envueltos. Misteriosos fenómenos aéreos.

Fotos: Panorámica del torbellino de agua frente a a la playa de Ocata, España, el 26 de septiembre del 2010, a las 20:13 CET , Panasonic DMC-FS15, 1/30 segundo a F/3,3, y detalle, Panasonic DMC-FS15, 1/8 segundo a F/5,9 un minuto más tarde. Las imagenes se han nivelado respecto al horizonte y se ha ajustado la asignación local de tonos. Diego Rodríguez.